sábado, 15 de septiembre de 2012

Cómo mejorar la autoestima

Al concepto de la autoestima, que a primera vista parece fácil de definir, le pasa lo mismo que a los valores, no se ven, no se pueden pesar en una báscula, ni medir con un metro. Por lo tanto dan pie a muchas interpretaciones, algunas de las cuales voy a referir en esta entrada. Al final mi receta magistral.

Si buscáis en la red encontraréis una gran cantidad de contenidos, desde su definición (múltiples definiciones) hasta técnicas y consejos para mejorarla. Como curiosidad aquí tenéis un test para evaluar el nivel de autoestima.

De todas las definiciones, empezaré por la más sencilla, la de la wikipedia: Percepción evaluativa de uno mismo. Como no sé si está muy claro, apunto también esta de Raquel Resines que dice: sentimiento de aceptación y aprecio hacia uno mismo, que va unido al sentimiento de competencia y valía personal. Sigo leyendo en la wikipedia y me encuentro que según Nathaniel Branden la autoestima permite a las personas enfrentarse a la vida con mayor confianza, benevolencia y optimismo, y por consiguiente alcanzar más fácilmente sus objetivos y autorrealizarse. Podría entonces pensarse que es una herramienta para conseguir objetivos, pero no, este mismo autor nos dice que se puede entender como un logro espiritual y mental. Que a su vez se manifiesta en un estado en que la persona no está en guerra con los demás ni consigo mismo.

Percepción evaluativa, sentimiento, herramienta, logro, estado, ...., ¿quien da más?

Pues aún más. Si para mejorarla, emparejamos la autoestima con un "sano estado de egoísmo", como nos propone Branden, el cóctel puede ser explosivo. Porque el egoísmo tiene un montón de connotaciones negativas. ¿Qué podemos hacer?¿Cómo manejar este sarao?

Mi receta en este punto, olvidarnos de ella como meta y tratarla como una consecuencia.

Autoestima autoprogresiva
Para Fredy Kofman hay tres niveles en los que se puede fundar la autoestima: 

En el primer nivel, la autoestima está basada en los logros que uno ha obtenido, las cosas que ha conseguido. Ya sea un objeto valioso, o el reconocimiento personal, o incluso el atractivo de su cónyuge. Este nivel, en el que nos encontramos la mayoría de la gente, se ve condicionado por factores externos fuera de control, imprevisibles, que hacen que sea muy fácil la pérdida del objeto conseguido o del logro alcanzado. Además para preservar la autoestima a este nivel, hay que repetir constantemente el triunfo. (Sísifo y la roca)

En el segundo nivel, la autoestima está basada en el comportamiento, en un modo de hacer, digamos virtuoso, donde se opera según principios y valores, con la intención. Esta forma de actuar nos libra de perder la autoestima cuando el resultado ha sido diferente al esperado. Esta basada en factores internos, no condicionados por el exterior. Pero hay pocos "Budas" por el mundo, que realicen tan solo actos virtuosos. Todos tenemos una parte de sombra, motivaciones internas, ocultas, que operan en el subconsciente y pueden llegar a boicotear nuestras mejores intenciones y hacer que la autoestima zozobre. 

Y finalmente el tercer nivel, el del alma, el del espíritu, donde no hay nada que conseguir, ni nada que demostrar, donde todo es por igual. El de la iluminación, ¡vamos!

Si pudiéramos elegir empezaríamos por el tercer nivel directamente, pero no nos fustiguemos por no estar todavía iluminados, ¡ya habrá tiempo!, mientras tanto podemos vivir la vida desde donde estamos. Empecemos por el principio, pongámonos objetivos, eso sí bien definidos, y disfrutemos de su consecución. De esta forma aprenderemos el proceso y el día menos pensado ¡toma ya! levitando por la habitación.